El francés se enseña a los niños desde Maternelle (inicial). Siendo pequeños se les acerca a la lengua y a la cultura francesas, de manera lúdica, de tal forma que el juego y las canciones juegan un papel esencial.
Es una enseñanza activa donde se asocia el decir con el hacer, en la cual se toman en cuenta las inteligencias múltiples y los diferentes perfiles de aprendizaje (el auditivo, el visual y el kinestésico).
Se consideran los conocimientos que ya tiene el alumno en su lengua materna como base para el nuevo aprendizaje. Esto facilita su comprensión oral y escrita así como su expresión. Además el estudio de una lengua tan precisa y rigurosa desde la infancia facilita la comprensión de la lógica matemática así como el estudio de otras lenguas.
Por otro lado, aparte de la reflexión sobre la lengua, se estudian, desde primaria y con mayor profundidad en secundaria, temas de geografía e historia universal, literatura, cultura y civilización francesa.
Y es que, para nosotros, aprender un idioma no sólo implica memorizar una serie de reglas gramaticales o listas de vocabularios, es también entrar a un mundo con costumbres, tradiciones, historia y pensamiento diferentes. Existe entonces un orgullo al hablar una lengua que expresa con claridad las sutilezas del pensamiento y que abre las puertas al “savoir-vivre” (“saber – vivir”) y al “savoir faire” (“saber – hacer”) franceses. El alumno, más que una lengua, aprende una cultura y una forma diferente de ver el mundo.

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